Lenguajes de marcado y modelado textual

Crítica textual, marcado y modelado

El modelado del texto siempre ha sido una actividad fundamental de los estudios filológicos textuales desde que la humanidad pasó de la tradición oral a la escrita, de la escritura manual en los diferentes soportes (como la piedra, el pergamino y muchos otros) a la impresa y, más recientemente, a las diferentes formas electrónicas de composición, almacenamiento y distribución.

Durante siglos, los filólogos han tenido que tomar decisiones sobre cómo desambiguar el marcado de los textos, cómo formatearlos cuando se migraba el texto de un soporte a otro, o cómo documentar los cambios en un trabajo,  tanto los realizados por el propio autor como los realizados por otras personas (editores, amigos o desconocidos).

Durante los siglos XVIII y XIX, la impresión se convirtió en el medio de facto para la transmisión en masa de los textos, bien para el disfrute (como en el caso de las novelas), por motivos religiosos (textos sagrados y comentarios) o por razones políticas (como medio para definir los nuevos estados y sus habitantes mediante su herencia literaria). En este contexto, surgió la necesidad de decidir qué versión de un texto se publicaría, qué material introductorio incluir, o qué textos debían agruparse y publicarse como colecciones.


A medida que la edición se industrializaba, los textos podían pasar por múltiples manos antes de ser publicados. Mucho antes de la invención de los ordenadores, ya se utilizaban marcas para hacer anotaciones con el fin de indicar al tipógrafo o mecanógrafo cómo debía maquetar o imprimir cada parte del texto.

Entre los ejemplos de marcas, familiares para los correctores y otros, están el signo de intercalación para añadir texto extra, o los signos especiales para indicar pasajes que deben omitirse o imprimirse en otra fuente. Incluso hoy en día, cuando la mayoría de los textos se componen digitalmente (a diferencia de la composición manual que utilizaba tipos para cada carácter), los autores o editores reciben las pruebas de imprenta para su corrección: es habitual que lo reciban en papel y que se utilicen estos mismos signos para indicarles los cambios que han de  realizar.

Con el uso creciente de los ordenadores para crear los textos (ya sean para la publicación impresa o digital), el término “marcado” se ha extendido para denotar cualquier tipo de código que indique cómo formatearlos, procesarlos o analizarlos. La crítica textual se ha adaptado a este, relativamente nuevo, medio. En este sentido, para adecuar los textos a su representación digital se incluyen metadatos utilizando lenguajes de marcado específicos. Esto se explicará con más detalle en la próxima sección.